El orgullo sano, una virtud necesaria en un ambiente laboral hostil

Sentirse orgulloso de uno mismo es un sentimiento positivo, un sentimiento que alimenta nuestra autoestima, una especie de recompensa que nos anima a seguir adelante. Todos tenemos muchas razones y motivos para sentirnos orgullosos, pero en ocasiones tendemos a ver solo lo contrario.

El orgullo no es algo malo, y menos en el contexto laboral. El orgullo sano además de hacernos sentir bien, nos pondrá en su sitio si alguien trata de hacernos sentir que no valemos o que nuestro trabajo es pésimo. En fin, ese tipo de compañeros o superiores que disfrutan minando la moral del otro.

Lo contrario a la vanidad es el orgullo sano

La diferencia entre tener confianza en uno mismo y sentirse orgulloso de tus logros y ser un narcisista radica en que no buscamos la aprobación de los demás ni saboteamos el trabajo de otros para brillar.

Es fundamental reconocer lo que valemos, y no hablamos de logros como escalar el Everest, cada uno destacamos por algo especial y es en ello donde deberíamos ser conscientes y recordarlo de vez en cuando. Una persona que se valora, no necesita el reconocimiento constante del otro.

Si tu empresa no te motiva, hazlo tú

Aunque esté muy de moda el salario emocional, y por fortuna muchos jefes alientan a sus empleados y existe una relación cordial; en la gran mayoría de casos, no es así. No resulta un comportamiento habitual.

Por esta razón, si no esperas el elogio continuo aunque fuera lo correcto o justo por lo mucho que te implicas en tu puesto; te centrarás en algo más valioso: la opinión que tienes de ti mismo. Michel de Montaigne lo tenía claro:

No me importa tanto lo que soy para los demás como lo que soy para mí mismo

El amor propio es la clave de todo. El hecho de quererse y respetarse, a veces se nos olvida. Siempre en un sano equilibrio, no vayamos a cruzar esa delgada línea roja que puede convertirnos en unos egocéntricos. Pero ojo, si no te quieres, es posible que haya personas dispuestas a aprovechar esa carencia de amor propio.

Ante el acoso laboral o un mal ambiente en un equipo, es el mejor antídoto

El sentirse a gusto en la piel de uno, no solo es una cuestión imprescindible, sino también un arma extraordinaria frente a jefes, compañeros o conocidos que tratan de hundirnos en el trabajo. Esto se da a diario, por desgracia, y lo llamamos acoso laboral o sencillamente: un pésimo ambiente.

Las señales más claras de que esa otra persona ha detectado que nos falta orgullo del sano, las veremos cuando no exista respeto, y sí desprecios.

Dentro de unos límites (en el trabajo no siempre se puede alejar uno de esa persona tóxica) habrá que alimentar ese orgullo sano para aprender a decir no, en la medida que sea posible y no olvidar jamás nuestras capacidades.

Jane Austen, nos ayuda a diferenciar el orgullo sano de la soberbia

Desgraciadamente tenemos que convivir o soportar a personas con ese rasgo, que por sentir pleno ese sentimiento de vanidad, no escatiman en escalar dentro de la empresa, a costa de la falta de compañerismo.

La escritora británica, Jane Austen decía:

«La vanidad y el orgullo son dos cosas completamente distintas, aunque a veces se utilicen como si fueran sinónimos. El orgullo se relaciona más con nuestra opinión de nosotros mismos; la vanidad con lo que otros piensan de nosotros».

Creer en nuestras posibilidades y apartar de nuestra mente todos esos comentarios negativos que tratan de que olvidemos lo mucho que valemos, nos servirá para protegernos en situaciones donde es complicado huir porque se trata de nuestro trabajo y, a veces, no es tan sencillo escapar.

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